Cuentas, libretas y herencias: ¿De quién es el dinero?

1 Mayo 2009 por Joan Planas

 

Artículo publicado el 4/12/2003

 

A los abogados que nos dedicamos al mundo patrimonial, frecuentemente nos consultan sobre temas hereditarios y muchas de esas veces quien nos consulta da por supuestas varias cuestiones, erróneas, sobre las cuentas corrientes y libretas del difunto.

Uno de los casos más normales es que la gente cuando se hace mayor y empieza a perder la movilidad o empieza a depender de algún hijo, hija o familiar, tenga interés en que alguna de estas personas de su confianza tenga la posibilidad de ir al Banco o a la Caja a hacerle alguna gestión y la más frecuente será la de sacar dinero.

Pues bien,  esta situación, tiene dos maneras de resolverse.  La primera y más correcta, es que la persona mayor,  tenga dada autorización a esa de la cual depende,  en vistas a que ésta pueda realizar dichas operaciones.  La segunda, que es por la que se opta muchas veces sin saber las consecuencias,  es la que consiste en que se abra una cuenta o libreta,  con los dineros de la “persona mayor” y sean sus titulares ambas personas o más.

La simplicidad de la segunda opción,  hace que sea bastante común y además es atractiva para los trabajadores de la banca,  pues implica abrir una nueva cuenta y depósito,  con lo cual,  la oficina es como si hubiera conseguido ampliar sus operaciones y eficacia (cuando esto sólo es así en el mundo virtual).  Además,  facilita la gestión del banco o caja, ya que de esta manera no tiene que vigilar por la veracidad o no de las disposiciones que se hagan a la cuenta respecto de las autorizaciones (no las debe controlar).

Pero cuando se opta por esta modalidad, la gente no sabe muy bien cuales son las consecuencias que puede tener.  Unas fiscales (que no nos ocupan en este comentario)  y otras sobre la posible transmisión de la propiedad del dinero.

Pues bien, por cuando la “persona mayor” es viva,  las disposiciones que se hagan de la cuenta o libreta tienen una importancia relativa.

Pero el casos es que muchas veces,  esa persona de la que se dependía cuando se ha muerto la otra,  acaba por creer o por entender que el dinero de las cuentas o libretas son también de su propiedad o que lo son a proporción del número de titulares.  Esto envenena bastantes herencias o es causa directa de malestar, hasta el punto que no han sido pocas las ocasiones en las que los tribunales,  inclusivamente el Supremo, han tenido que pronunciarse al respecto.

Los Tribunales,  excepto de los casos en que las cuentas o libretas abiertas a nombre de dos o más personas han mantenido al largo del tiempo ingresos correspondientes en todas ellas, han dejado claro que el hecho de ser dos o más personas cotitulares de una cuenta corriente o libreta en modo alguno implica que se haya transmitido o adquirido la propiedad del saldo, sino que la titularidad indistinta tiene, respecto del Banco o Caja de Ahorros,  un efecto que es el que cualesquiera de los titulares tiene todas las facultades de disposición y por lo tanto el Banco o Caja no ha de preocuparse de este extremo.  Pero en cuanto a las relaciones internas, es decir, a las relaciones entre cotitulares o entre los herederos de uno de los cotitulares y el otro u otros cotitulares,  el hecho que la cuenta o libreta se halle  abierta a nombre de varias personas no presupone en abosluto que el saldo sea copropiedad de todas ellas,  ni mucho menos,  como tampoco que presuponga la existencia de una voluntad de donación por parte de un cotitular respecto de otro (en relación a ello y de entre otras son suficientemente expresivas las sentencias del Tribunal Supremo de 15/12/1993 (Sala Civil) , sino que esta circunstancia es más bien operativa para la dinámica del contrato;  lo que influye y determina «prima facie», en lo referente a las relaciones del depósito que se lleva a cabo, es que cualquiera de dichos titulares ostenta facultades de disposición frente al banco, bien individual o conjuntamente,  pero no establece la existencia de un condominio y menos por partes iguales, ya que éste lo fijan las relaciones internas de los titulares y más concretamente en razón a la originaria pertenencia de los fondos depositados y así lo ha declarado esta Sala en S. 8-2-1991 (RJ 1991\1156), que cita las de 24-3-1971 (RJ 1971\1447) y 19-10-1988 (RJ 1988\7589), así como la de 23-5-1992 (RJ 1992\4280), lo que permite que pueda decretarse la exclusión y ajenidad de quien sólo figura como titular bancario y no demostró tener participación personal y directa en la propiedad del dinero depositado, conforme sucede en el caso de autos).

 

Este tema vicia tanto las relaciones entre herederos -casi siempre hermanos y hermanas- que no son pocas las familias la unidad de las cuales no acaba soportando la herencia. Es por esto que quizás seria conveniente que bancos y cajas hicieran un esfuerzo por dejar claro a la gente esta situación,  pues ahorraria muchos quebraderos de cabeza (pese a que seguramente no es trabajo de ellos hacernos de aspirina, y quizás el lector se la deberá de tomar cuando termine de leer estas linias o cuando piense que no hemos hablado de las consecuencias fiscales que pueda tener todo esto).