Herencias y domicilio del difunto

10 Abril 2009 por Joan Planas

Artículo publicado el 2/4/2009

 

Es sabido, como hemos dicho ya varias veces, que en España hay herencias que pagan y otras que no.

Las herencias de los catalanes, que estén domiciliados en Cataluña, son de las que pagan y no hay indicio alguno de que ello vaya a cambiar, sino todo lo contrario.

Hay consultas, porque la gente habla, sobre si la herencia de una persona catalana, aunque no estuviera domiciliada en Cataluña en la fecha de su defunción, la deben de pagar sus herederos.

Dicho con otras palabra, ¿si un catalán va a vivir fuera de Cataluña, domiciliándose en una Comunidad en la que no se pague el impuesto de las herencias (Madrid, Valencia, el País Vasco, Navarra, Baleares), cuando se muera sus herederos deberán de pagar?

La ley que regula este hecho es la ley de impuestos de sucesiones, y establece que el impuesto se  exigirá como obligación personal a los herederos, con independencia del lugar donde se encuentren los bienes del patrimonio hereditario. Por lo tanto, como obligación personal, se regula por la residencia y, para aclarar como se determina cual sea la residencia habitual, la ley remite a la normativa del IRPF (impuesto sobre la renta).

Esta ley -les estoy simplificando mucho el tema- establece que las personas físicas tienen su domicilio en la Comunidad Autónoma en la que permanezcan más de 183 días durante el año natural (no teniéndose  en cuenta la ausencia del territorio indicado, cuando las circunstancias en las que se realicen puedan inducirse que estas no tendrán una duración superior a los tres años).

El Reglamento del Impuesto de sucesiones clarifica además que para determinar la residencia se tendrá en cuenta aquel cómputo de 183 días en relación a los 365 días anteriores ala fecha de defunción del causante.

La  injusticia tributaria que supone de por sí el propio impuesto sobre sucesiones pone el grito al cielo. Pero, además, los catalanes consideran el impuesto doblemente injusto, cuando ven que en las Comunidades Autónomas que les son próximas o equiparables, este impuesto no se paga.

Las consultas que se hacen en los despachos profesionales dedicados al tema son muchas, pues la gente que nos hace llegar su malestar (hablamos siempre de ciudadanos que tienen preocupación para planificar su herencia, se dan cuenta que fácilmente sus herederos pueden situarse en pagar hasta el 32′98%, ya que no se actualizan las escalas de gravamen, se incremenetan los valores de los inmuebles que se han de tener como mínimos, las reduciones son miserables, etc.)

Pero mientras no se vea una luz de esperanza hacia la supresión del impuesto, cada vez parece más importante que la gente pierda un poco el tiempo en hacer valorar  qué pagos deberían satisfacer en concepto de  impuestos sus herederos, en caso que murieran ahora (como decían los romanos “la muerte es cierta, la hora incierta”).